VacúnateYa!

Reír y qué más

El cine peruano contemporáneo a propósito de “A los 40”

Publicado: 2014-05-02


Pareciera que el cine peruano ha encontrado en la comedia, en el suspenso y en el terror el camino para el éxito comercial. Y, efectivamente, es lo que vemos cuando revisamos el antes y el después del fenómeno “Asu Mare”. El peruano va al cine y se entretiene. Se ríe. Se asusta.

Pero esta aventura cinematográfica –loable frente a una industria desfavorecida por las leyes- que viene consagrando a varios actores y actrices, quienes se ha ganado terreno y cosechado la fama gracias a la televisión y al teatro comercial, no evita que se evidencie ciertas carencias y desequilibrios en el texto. Y entonces nos enfrentamos guiones de películas de terror que acaban por empujar a los actores al filo del abismo y caer en el descrédito, la sobreactuación y el insoportable disfuerzo, como ocurre con “La cara del Diablo” ¿Están nuestros actores preparados para hacer comedia y terror en el Perú? Pues sí, ya que el problema de raíz es precisamente el guión y la falta de rigurosidad en el casting, que muchas veces acaba por opacar o quemar el talento.

En el caso de la comedia, un recurso más abundante en el cine nacional, nos saltan al encuentro rimbombantes campañas de marketing, títulos vendedores, casting vendedor, tramas vendedoras, pero con un serio tropiezo en el intento por llevar al espectador por una serie de emociones más allá de la carcajada. Y es lo que nos pasa cuando vemos “A los 40”, de Bruno Ascenzo. Una película sin enredos que recurre al infalible tema de la crisis generacional sobre el que simplemente hay que reír, disfrutar, identificarse y seguir riendo.

“A los 40” es una comedia sin nudos, hecha con simples lazos, bonitos, bien hechecitos. Pero tan light que no llega a convencerte de nada más que los actores (pues, en algunos casos, no llegas a ver al personaje) son unos cuarentones divertidísimos ¿Tiene que ser seria acaso? No. Pero si un guión de comedia intenta abordar temas como la crisis familiar, la frustración, la represión y la homosexualidad, no basta jugar con los estereotipos y mostrarlos tal cual, sino aventurándose a transgredirlos. Lo evidente es evidente y previsible. En una comedia, sin embargo, lo inesperado puede tener mayor peso y crear un mejor clima hacia el desenlace.

Es válido decir que “A los 40” es una visión divertida de la crisis de la realización profesional y personal, la confluencia del miedo a la vejez. Y ese puede ser su mejor mérito que, además, va de la mano del talento de parte de su casting. San Miguel es un derroche de lisura y picardía que no tiene pierde, Ramos es genial al meterse en la piel de la avejentada “mamá” del grupo, Carlín perfecto con el patetismo pícaro de su nerd cuarentón, Condos es perfecta en su papel de la conviviente que tiene que soportar el papelón de un Alcántara que, a su vez, ya resulta agobiante con las mismas bromas y gags que ya llevan su marca.

Quizá el reto mayor sea terminar una comedia más allá del happy ending, por demás previsible y sin mayor brillo en “A los 40”. Hay detalles que pudieron haberse obviado o enriquecido. La reunión de reencuentro en el colegio que solo presenta a la “collerita” y no interactúa con los demás nos lleva a la idea de estar en la Fiesta de la Buena Vecindad de El Chavo del 8, donde el resto es solo un relleno ¿Por qué no situar la fiesta de reencuentro en la casa de Bárbara, por ejemplo, y no en un espacio tan “vacío” como el colegio; o evitar, además, el final en la playa, tan forzado, sin carga emotiva ni un texto que cierre equilibradamente el despliegue del humor que –enfatizo- es meritorio por los actores más que por el guión? Tal vez abunden las justificaciones frente a las propuestas.

Bien por hacer cine en el Perú, bien por apostar por géneros y enfatizar en ellos. Pero que nuestro deseo por hacerlo y nuestra capacidad como espectadores no pierdan el sentido crítico con que veamos al cine nuestro. Afortunadamente, el marketing cinematográfico no interviene en el contacto final entre el público y la apreciación de la película.


Escrito por

Kristhian Ayala Calderón

Comunicador social y profesor universitario. Magíster en Estudios Culturales. Jefe de comunicación corporativa. Historias urbanas.


Publicado en

Solo por escribir

Sin miedo a la página en blanco